
La misión había concluido. El ruido del helicóptero se perdió entre la neblina y el silencio de la montaña marcó el inicio de un nuevo desafío. Para Roger Mazariegos Aguilar, Galonista II, integrante de la Sección Aérea de Rescate del Benemérito Cuerpo Voluntario de Bomberos de Guatemala y jefe de la estación de la 24 Compañía de Bomberos Voluntarios de Cuilapa, Santa Rosa, el verdadero reto apenas comenzaba.

Tras participar en las labores de rescate del accidente aéreo ocurrido en San Miguel Pochuta, Chimaltenango, las condiciones climáticas impidieron que la aeronave regresara por él. Sin otra alternativa, puso en práctica uno de los principios fundamentales de la institución: el autorescate.
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Completamente solo, inició una caminata de más de tres horas por un terreno boscoso, empinado y de difícil acceso, cargando la Quijada de la Vida, una herramienta hidráulica de rescate que supera las 70 libras de peso, además de un maletín de primeros auxilios. En ningún momento abandonó el equipo que diariamente utiliza para salvar vidas.
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Fue hasta llegar a finca Las Victorias donde encontró a pobladores que le brindaron apoyo para continuar el trayecto hasta un lugar seguro.
La historia de Roger Mazariegos es un reflejo del compromiso que caracteriza a los Bomberos Voluntarios de Guatemala. Más allá del uniforme y de las emergencias, su regreso en solitario demuestra que la preparación, la disciplina y la vocación de servicio no terminan cuando concluye un rescate. En ocasiones, la última misión es regresar a casa, y también esa debe cumplirse con valentía.
