La tarde del 17 de noviembre de 2025 quedó marcada para siempre en Guazacapán, Santa Rosa. Una adolescente de apenas 15 años salió de estudiar en el barrio San Sebastián como cualquier otro día. Vestía su uniforme, llevaba su mochila al hombro y aún tenía sueños pendientes en sus cuadernos. Afuera la esperaba un hombre en motocicleta.
Ese hombre, según las investigaciones, era Luis Alberto Jiménez Vásquez, de 36 años, capturado el miércoles 27 de mayo en la aldea San Miguelito, Asunción Mita, Jutiapa, por investigadores de Delitos Contra el Femicidio de la PNC.
Las cámaras de videovigilancia documentaron parte del recorrido. La menor subió a la motocicleta y desapareció. Las pesquisas señalan que fue llevada hacia una finca ubicada en aldea El Astillero, en Guazacapán.

Pasaron cuatro días de angustia, búsqueda y rumores. El 21 de noviembre, el caso tomó un giro devastador: el cuerpo de la quinceañera fue localizado sin vida, con señales de violencia y en estado de descomposición.
A pocos metros del cadáver quedaron objetos que se convirtieron en piezas silenciosas de una escena dolorosa: una mochila con cuadernos forrados, un peine y un dije plateado de la Virgen María. Rastros de una vida que terminó de forma brutal.
Desde entonces, el nombre del presunto responsable comenzó a circular entre pobladores. Vecinos señalaban a un hombre originario de aldea El Barro, mientras investigadores seguían reuniendo indicios, analizando cámaras y reconstruyendo movimientos y rutas utilizadas tras la desaparición.
Este 27 de mayo de 2026, más de seis meses después del crimen, la captura finalmente se concretó. Contra Jiménez Vásquez pesaba una orden de aprehensión emitida el 13 de mayo por el juzgado de femicidio y otras formas de violencia contra la mujer de Santa Rosa.
Durante el operativo, las autoridades también decomisaron un teléfono celular y una motocicleta Bajaj Pulsar 125 negra con franjas multicolor, vehículo que ahora quedó bajo secuestro judicial por su posible vínculo directo con el caso.
El crimen de la estudiante estremeció a Santa Rosa desde el primer momento. Hoy, la captura devuelve el nombre del caso a la memoria colectiva de un pueblo que durante meses no olvidó la imagen de aquella mochila abandonada junto al cuerpo de una niña que nunca regresó a casa.


